Sé una persona que satisfaga a Dios y dé tranquilidad a Su mente


I
Soy consciente de que
vuestra lealtad es temporal,
como vuestra sinceridad.
¿No son vuestras determinaciones
y el precio que pagáis
solo en beneficio del momento presente
y no para el futuro?
Solo queréis hacer un esfuerzo final
para luchar por procuraros un hermoso destino,
con el solo objetivo de hacer un trato.
No hacéis este esfuerzo para evitar
estar en deuda con la verdad,
y menos aún para retribuirme
por el precio que Yo he pagado.
En pocas palabras, solo estáis dispuestos
a emplear astutas estratagemas
para conseguir lo que queréis,
pero no para entablar una batalla por ello.
¿Acaso no son estos vuestros pensamientos
más íntimos?
No debéis disfrazaros ni romperos la cabeza
respecto a vuestro destino
hasta el punto de no tener apetito
por la comida ni la bebida durante el día
y ser incapaces de dormir en paz por la noche.
¿No es cierto que vuestro desenlace
habrá sido ya determinado al final?
II
Cada uno de vosotros debéis
cumplir adecuadamente con vuestro deber,
con un corazón franco y honesto,
y estar dispuestos a pagar
el precio que sea necesario.
Como habéis dicho, cuando llegue el día,
Dios no va a maltratar a nadie
que haya sufrido o pagado un precio por Él.
Merece la pena aferrarse
a este tipo de convicción,
y lo adecuado es que
no deberíais olvidaros nunca de ella.
Solo así puedo dar tranquilidad a Mi mente
respecto a vosotros.
De otro modo, seréis siempre personas
con las que nunca podré tener
Mi mente calmada,
y seréis para siempre objetos de Mi aversión.
Si todos vosotros podéis
seguir vuestra conciencia
y entregarlo todo por Mí,
sin escatimar esfuerzos por Mi obra
y dedicando el esfuerzo de una vida entera
a Mi trabajo evangélico,
¿no saltará Mi corazón a menudo de gozo
por vosotros?
De este modo, seré capaz
de dar completa tranquilidad a Mi mente
respecto a vosotros, ¿no es así?

de La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca del destino