Dios bendice a aquellos que son honestos


I
Honestidad significa dar tu corazón a Dios;
no ser falso con Dios en nada
y ser abierto con Él en todas las cosas,
nunca esconder los hechos,
no tratar de engañar a aquellos
por encima y por debajo de ti,
y no hacer cosas que son meros intentos
para ganarte el favor de Dios.
En pocas palabras, ser honesto
es ser puro en tus acciones y palabras,
y no engañar ni a Dios ni al hombre.
Si tus palabras están llenas de excusas
y justificaciones que nada valen,
entonces Yo digo que eres alguien
muy poco dispuesto a practicar la verdad.
Si tienes muchos asuntos privados
de los que es difícil hablar,
si eres tan reticente
a dejar al descubierto tus secretos
—tus dificultades— ante los demás
para buscar el camino de la luz,
entonces digo que eres alguien
que tendrá gran dificultad
para lograr la salvación
y tendrá dificultad para salir de las tinieblas.
II
Si de veras disfrutas
de buscar el camino de la verdad,
entonces eres alguien
que vive siempre en la luz.
Si te sientes muy contento
de ser un servidor en la casa de Dios,
trabajando de forma diligente
y concienzuda en la oscuridad,
siempre dando y nunca exigiendo,
entonces Yo digo que eres un santo leal,
porque no buscas ninguna recompensa
y estás simplemente siendo
una persona honesta.
Si estás dispuesto a ser franco
y entregarte por completo,
si eres capaz de sacrificar tu vida por Dios
y mantenerte firme en tu testimonio,
si eres honesto hasta el punto
en que solo sabes satisfacer a Dios
y no considerarte
o tomar las cosas para ti mismo,
entonces Yo digo que tales personas
son las que se alimentan en la luz
y vivirán para siempre en el reino.

de La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Tres advertencias