El Dios encarnado tiene humanidad y, más aún, tiene divinidad
I
La “encarnación” es
la aparición de Dios en la carne;
Él obra en medio de la humanidad creada
a imagen de la carne.
Por tanto, dado que es la encarnación de Dios,
primero debe ser carne,
una carne con una humanidad normal;
esto, como mínimo,
es el requisito previo más básico.
La implicación de la encarnación de Dios
es que Él vive y obra en la carne;
Dios se hace carne
en Su misma esencia, se hace hombre.
Su humanidad existe por el bien
de Su esencia corpórea;
no puede haber carne sin humanidad
y una persona sin humanidad
no es un ser humano.
De esta forma,
la humanidad de la carne de Dios
es una propiedad intrínseca
de la carne encarnada de Dios.
Decir que “cuando Dios se hace carne
Él solo tiene divinidad y no humanidad”,
es una blasfemia,
pues esta afirmación simplemente no existe
y viola el principio de la encarnación.
II
El agente de la obra es
la divinidad habitando en Su humanidad.
Es Su divinidad, no Su humanidad, la que obra,
pero esta divinidad está escondida
dentro de Su humanidad;
en esencia, Su divinidad completa,
no Su humanidad,
es la que lleva a cabo Su obra.
Pero el actor de la obra es Su carne.
Se podría decir que Él es hombre,
pero también es Dios,
porque Dios se convierte
en un Dios que vive en la carne;
tiene un caparazón y una esencia humanos,
y más aún, tiene la esencia de Dios.
Al ser un hombre con la esencia de Dios,
Él está por encima
de todos los humanos creados
y de cualquier hombre
que pueda desarrollar la obra de Dios.
Entre todos los que tienen
un caparazón humano como el suyo,
entre todos los que poseen humanidad,
solo Él es el Dios mismo encarnado,
todos los demás son humanos creados.
Aunque todos poseen humanidad,
los humanos creados
no tienen más que humanidad,
mientras que Dios encarnado es diferente.
En Su carne, no solo tiene humanidad
sino que, lo que es más importante,
también tiene divinidad.
Como Dios se hace carne, Su esencia es
una combinación de humanidad y divinidad.
Esta combinación se llama Dios mismo,
Dios mismo en la tierra.
de La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de la carne habitada por Dios
