Quienes provocan el carácter de Dios deben ser castigados
I
Dios no participa en las políticas del hombre,
pero Él controla el porvenir
de cada país y de cada nación,
Él controla este mundo y todo el universo.
El porvenir de la especie humana
y el plan de Dios
están íntimamente relacionados,
y ninguna persona, país o nación
puede escapar a la soberanía de Dios.
Si el hombre desea conocer su porvenir,
debe acudir ante Dios.
Él hará prosperar a los que le siguen y adoran
y traerá decadencia y extinción
a los que se le resisten y lo rechazan.
II
Recuerda la escena bíblica en la que
Dios lanzó la destrucción sobre Sodoma
y piensa también cómo la esposa de Lot
acabó siendo una estatua de sal.
Piensa en cómo el pueblo de Nínive
se arrepintió de sus pecados
y los confesó en cilicio y cenizas.
Recuerda qué final tuvieron los judíos
después de que clavasen a Jesús
en la cruz hace 2000 años;
los expulsaron de Israel y huyeron
a países alrededor del mundo,
muchos fueron asesinados
y todo el pueblo judío se vio sometido
al dolor sin precedentes
de la aniquilación de su nación.
III
Habían crucificado a Dios
—cometieron un pecado atroz—
y provocaron Su carácter.
Se les hizo pagar por lo que hicieron
y se les hizo cargar
con todas las consecuencias de sus actos.
Condenaron a Dios, lo rechazaron
y, por tanto, solo tenían un sino:
ser castigados por Dios.
Esta fue la amarga consecuencia y el desastre
en los que sus gobernantes sumergieron
al país y a la nación.
de La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice II: Dios tiene soberanía sobre el porvenir de toda la humanidad
