Aquellos que no aceptan a Cristo de los últimos días son sin duda blasfemadores del Espíritu Santo


I
¿Eres capaz de discernir el camino de la verdad?
¿Puedes garantizar realmente
que no te opondrás a Cristo?
¿Eres capaz de seguir
la obra del Espíritu Santo?
Si no sabes si te opondrás o no a Cristo,
entonces Yo digo que
ya estás viviendo al filo de la muerte.
Los que no conocían al Mesías
fueron todos capaces de oponerse a Jesús,
de rechazarlo, de difamarlo.
Las personas que no entienden a Jesús
son capaces de rechazarlo y vilipendiarlo.
Es más, son capaces de ver el regreso de Jesús
como la desorientación de Satanás,
y la mayoría de estas personas
condenarán a Jesús en Su regreso a la carne.
¿No os asusta todo esto?
II
Lo que afrontáis será blasfemia
contra el Espíritu Santo,
la ruina de Sus palabras a las iglesias
y el desdén hacia todo lo expresado por Jesús.
¿Qué podéis obtener de Él
si estáis tan confundidos?
¿Cómo podéis entender
la obra que lleva a cabo Jesús
cuando Él vuelva a la carne
sobre una nube blanca,
si os negáis obstinadamente
a ser conscientes de vuestros errores?
Las personas que no aceptan la verdad,
pero que esperan ciegamente
la llegada de Jesús sobre nubes blancas,
son sin duda quienes blasfeman
contra el Espíritu Santo
y pertenecen sin duda
a la categoría que será destruida.
III
Deseáis simplemente la gracia de Jesús,
y solo queréis disfrutar el gozoso reino del cielo,
pero nunca habéis obedecido Sus palabras
ni habéis aceptado la verdad expresada por Él
cuando vuelve a la carne.
¿Qué ofreceréis a cambio de la realidad
del regreso de Jesús sobre una nube blanca?
¿La sinceridad con la que
cometéis repetidamente pecados,
y después los confesáis una y otra vez?
¿Qué ofreceréis en sacrificio a Jesús,
que vuelve sobre una nube blanca?
¿El capital de los muchos años de trabajo
con el que os exaltáis a vosotros mismos?
¿Qué ofreceréis para hacer que
el Jesús retornado confíe en vosotros?
¿Vuestra naturaleza arrogante,
que no se somete a ninguna verdad?

de La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. En el momento en que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra